En Bosques de las Lomas, Ciudad de México, MARCA ARCHITECTURE transforma los 450 metros cuadrados de un apartamento en una reflexión sobre la luz, la convivencia y el placer de estar en casa. Un proyecto donde la verdadera sofisticación no consiste en tener más espacios, sino en conseguir que todos quieran compartir uno.
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Hay casas que impresionan al entrar. Otras necesitan algo más de tiempo para revelar sus virtudes. Y después están aquellas que, sin necesidad de grandes declaraciones, consiguen algo bastante más difícil: que apetezca quedarse. Ventanas, de MARCA ARCHITECTURE, pertenece a esta última categoría.
Situado en Bosques de las Lomas, una zona residencial de Ciudad de México, este apartamento de 450 metros cuadrados parte de una idea aparentemente sencilla: hacer que la arquitectura acompañe la vida de quienes la habitan, en lugar de obligarlos a adaptarse a ella.

Detrás del proyecto está el estudio mexicano MARCA ARCHITECTURE, dirigido por Guillermo Suárez Almazán, que ha convertido las particularidades de una planta complicada en el punto de partida de una propuesta de interiorismo serena, cálida y profundamente doméstica.
Porque, a veces, el mayor acierto de un proyecto no está en lo que añade, sino en lo que consigue relacionar.
Una planta cuadrada y una pregunta inevitable: ¿cómo llevar la luz hasta el corazón de la casa?
El apartamento ocupa una única planta dentro de un edificio existente. Sus dimensiones podrían sugerir una distribución generosa y relativamente sencilla, pero la geometría imponía una dificultad importante. La planta, marcadamente cuadrada, complicaba la llegada de luz natural a las zonas centrales de la vivienda.
«La planta del edificio donde hicimos este proyecto era muy cuadrada, y hacer que llegara la luz al centro era difícil», explica Guillermo Suárez Almazán.
La solución no consistió en multiplicar habitaciones ni en construir una sucesión de ambientes independientes. El equipo de MARCA ARCHITECTURE optó por una estrategia diferente: concentrar buena parte de la actividad doméstica en un gran espacio central, capaz de asumir funciones tradicionalmente separadas.



Comedor, salón, family room y desayunador comenzaron así a compartir un mismo territorio. Cuatro maneras de habitar la casa reunidas en una única estancia que adquiere una importancia especial dentro del conjunto.
Esta decisión permite comprender el proyecto más allá de sus materiales o de su lenguaje estético. El verdadero protagonista de Ventanas no es una pieza de mobiliario ni un determinado revestimiento, sino una forma de entender la vida familiar.
El mejor lugar de la casa es aquel en el que sucede todo
La arquitectura residencial contemporánea ha dedicado décadas a definir y especializar ambientes. Un lugar para comer, otro para recibir, otro para descansar y uno más para pasar el tiempo en familia. Ventanas propone una lectura menos rígida de esa organización.
«Les planteamos hacer un gran espacio central donde se mezclaran el comedor, la sala, el family y el desayunador para tener una mucho mayor espacialidad», señala el arquitecto.
Lo interesante de esta decisión es que no responde únicamente a una cuestión de amplitud. También habla de cómo vivimos y de cómo han evolucionado nuestras relaciones con el espacio doméstico.
Una mesa puede acoger un desayuno apresurado y, unas horas después, una conversación que se prolonga durante la sobremesa. El salón deja de ser necesariamente el lugar reservado para las visitas. Las distintas actividades familiares pueden desarrollarse en paralelo sin quedar confinadas en habitaciones independientes.
En Ventanas, esta convivencia no es una consecuencia accidental de la distribución, sino su principal argumento.
El propio Guillermo Suárez Almazán lo resume con una observación tan sencilla como reveladora:
«Ese espacio multifuncional es donde la familia pasa la mayoría del tiempo».
Quizá esa sea una de las mejores formas de medir el éxito de una vivienda: descubrir dónde eligen estar sus habitantes cuando nadie les dice dónde deberían hacerlo.
Fresno, mármol y nogal: una conversación entre materiales
La selección de materiales acompaña esa voluntad de construir un hogar donde la sofisticación no esté reñida con la naturalidad.
Los suelos combinan fresno y mármol, dos materiales con personalidades muy distintas y, precisamente por eso, capaces de establecer un diálogo interesante. La madera introduce una dimensión cálida y doméstica, mientras que la presencia mineral del mármol aporta una lectura más arquitectónica del espacio.
El nogal aparece en elementos especialmente significativos de la composición interior: la celosía y el falso techo. Su presencia permite incorporar textura, profundidad y un ritmo visual reconocible sin recurrir a gestos ornamentales innecesarios.
Frente a esa riqueza material, la cocina blanca funciona como contrapunto. Una presencia más contenida que introduce contraste y contribuye a equilibrar el conjunto.

No se trata de reunir materiales nobles para exhibirlos, sino de encontrar una relación convincente entre ellos. El fresno, el mármol y el nogal aportan distintas cualidades visuales y táctiles, pero comparten una característica fundamental: son materiales capaces de dotar al espacio de una identidad que no depende exclusivamente de las tendencias.

El resultado apunta hacia una elegancia de largo recorrido, más interesada en la experiencia cotidiana que en producir una primera impresión espectacular.
La intimidad también necesita su lugar
La apuesta por un gran espacio compartido no implica renunciar a la privacidad. Al contrario, una vivienda familiar necesita encontrar el equilibrio entre los momentos de encuentro y aquellos otros en los que cada persona busca su propio refugio.
En Ventanas, los dormitorios se concentran en una zona más reservada del apartamento. Esta organización permite diferenciar los ámbitos de descanso de las áreas donde transcurre la actividad común, aunque sin romper la continuidad del proyecto.

Existe una idea especialmente valiosa detrás de esta distribución: una casa no tiene por qué comportarse como una colección de habitaciones autónomas para atender las necesidades de quienes viven en ella.
La privacidad puede construirse desde la organización espacial, de la misma manera que la convivencia puede favorecerse mediante la proximidad y la apertura de los ambientes.
En este sentido, Ventanas propone una arquitectura doméstica sin compartimentaciones conceptuales innecesarias. Hay espacios destinados a compartir y otros pensados para retirarse, pero todos pertenecen a una misma manera de entender el hogar.
Diseñar para una familia, no para una fotografía
Cuando se habla de proyectos residenciales de estas dimensiones, resulta tentador detenerse en las cifras, las superficies o la nobleza de los acabados. Sin embargo, detrás de Ventanas aparece una motivación bastante más personal.


Sus propietarios, explica Guillermo Suárez Almazán, forman parte de esas familias que buscan «dejar un legado y tener un espacio en el cual su familia pueda desarrollarse y vivir bien».
La palabra legado introduce una dimensión temporal que merece atención.
Una casa destinada a acompañar la vida de una familia no puede concebirse únicamente para satisfacer los gustos de un momento. Debe admitir cambios, rutinas nuevas, celebraciones, etapas distintas y maneras de habitar que todavía no se conocen.
Desde esa perspectiva, la versatilidad del espacio central adquiere un significado añadido. No es solamente una respuesta a las dificultades de iluminación de la planta, sino una forma de ofrecer libertad a sus habitantes.
La arquitectura establece unas condiciones; la familia escribe el resto.
MARCA ARCHITECTURE y la búsqueda de una arquitectura que transmita paz
Fundado en Ciudad de México en 2012 por Guillermo Suárez Almazán, MARCA ARCHITECTURE desarrolla proyectos que abarcan desde viviendas unifamiliares y edificios residenciales hasta oficinas e interiorismo.

Su aproximación al diseño parte del análisis de las condiciones particulares de cada encargo. El estudio defiende que no existen dos proyectos idénticos, porque tampoco hay dos clientes, dos emplazamientos o dos conjuntos de necesidades exactamente iguales.
Sin embargo, su trabajo comparte ciertas constantes: la atención a la luz, el protagonismo de los materiales y una geometría definida mediante trazos sencillos.
En Ventanas, estas preocupaciones se trasladan al ámbito íntimo de una vivienda familiar. La dificultad de iluminar una planta cuadrada se convierte en una oportunidad para reconsiderar su distribución. Los materiales construyen una atmósfera sin necesidad de imponerse. Y la organización de los espacios responde a una intención reconocible: facilitar la convivencia y el bienestar cotidiano.
Hay una frase del arquitecto que ayuda a comprender esa filosofía:
«Si alguien entra a un espacio, busco que sienta paz». — Guillermo Suárez Almazán, fundador de MARCA ARCHITECTURE.
Pocas aspiraciones parecen más pertinentes cuando hablamos del lugar al que regresamos cada día.
La belleza de querer quedarse
Ventanas, de MARCA ARCHITECTURE, no pretende reinventar la vivienda. Su interés reside, precisamente, en recordar algo que la arquitectura más preocupada por la imagen puede olvidar: una casa existe para ser vivida.
Sus 450 metros cuadrados no se entienden únicamente desde la amplitud, sino desde la manera en que se organizan las relaciones entre las personas, los materiales y la luz. El espacio central deja de ser un problema geométrico para convertirse en el auténtico corazón doméstico; los dormitorios preservan la intimidad y la selección material aporta continuidad y calidez.
En un momento en el que tantos interiores parecen concebidos para ser contemplados desde una pantalla, Ventanas reivindica una cualidad mucho menos fotogénica, aunque infinitamente más importante: la posibilidad de estar a gusto.
Al final, quizá el verdadero lujo residencial no consista en disponer de una habitación para cada cosa, sino en tener un lugar donde todos quieran encontrarse.
Ficha técnica
| Concepto | Información |
|---|---|
| Proyecto | Ventanas, de MARCA ARCHITECTURE |
| Tipología | Interiorismo residencial |
| Ubicación | Bosques de las Lomas, Ciudad de México, México |
| Superficie | 450 m² |
| Distribución | Una planta |
| Estudio | MARCA ARCHITECTURE |
| Dirección | Guillermo Suárez Almazán |
| Colaboradores | Salvador Cortez Hultsch y Beatriz Almazán Cueto |
| Proyecto ejecutivo y construcción | MARCA ARCHITECTURE |
| Materiales principales | Fresno, mármol y nogal |
| Fotografía | © Jaime Navarro |