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Bang & Olufsen Beovision Harmony: probablemente nunca habías querido mirar un televisor apagado

· Por Arquitectura Singular

Hay una contradicción en el centro de muchos de los salones mejor diseñados: cuanto mayor y mejor es el televisor, más difícil resulta ignorarlo cuando nadie lo está utilizando.

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Apagado, incluso el aparato más sofisticado sigue siendo eso: un gran rectángulo negro ocupando la pared. Y a medida que hemos ido aumentando las pulgadas hasta convertir el cine doméstico en algo verdaderamente espectacular, el problema también ha crecido.

Bang & Olufsen decidió enfrentarse precisamente a esa cuestión.

No a cómo conseguir más brillo. Ni más resolución. Ni una diagonal todavía mayor.

Qué hacer con el televisor cuando está apagado.

La respuesta se llama Beovision Harmony y resulta difícil explicarla únicamente como un televisor. Es pantalla, sistema de sonido, mecanismo, mueble y, durante unos segundos cada vez que se enciende, casi una pequeña representación escénica.

Bang & Olufsen Beovision Harmony
Bang & Olufsen Beovision Harmony: Diseño, precio y claves de un icono audiovisual.

Quizá por eso sea uno de esos raros productos tecnológicos que pueden interesar incluso antes de conocer sus especificaciones.

Y posiblemente el único televisor que uno puede descubrir mirando precisamente cuando no está mostrando nada.

El verdadero problema de los televisores grandes no empieza al encenderlos

Beovision Harmony
Bang & Olufsen Beovision Harmony

La industria lleva años persiguiendo una paradoja. Queremos pantallas cada vez mayores para disfrutar del cine, pero cuanto más crecen, más condicionan la arquitectura de la habitación en la que las colocamos.

El propio equipo de Bang & Olufsen reconoce que llevaba tiempo trabajando sobre esa pregunta: qué hacer con una gran pantalla cuando permanece apagada. El desafío no era precisamente menor. Un televisor de grandes dimensiones puede proporcionar una experiencia audiovisual extraordinaria y, al mismo tiempo, convertirse durante la mayor parte del día en uno de los objetos visualmente más dominantes del salón.

El Beovision Harmony nació de esa reflexión.

Cuando está en reposo, la pantalla desciende y queda parcialmente oculta detrás de dos frentes acústicos. La composición se comprime visualmente y el enorme panel deja de comportarse como esa superficie negra que parece reclamar toda la atención.

Y entonces llega el momento de encenderlo.

Una coreografía mecánica para empezar una película

El Beovision Harmony no se limita a encenderse. Se abre. Se despliega como una mariposa en su clímax.

La pantalla comienza a elevarse mientras las dos cubiertas de los altavoces giran simultáneamente hacia los lados. Lo hacen despacio, con un movimiento perfectamente sincronizado, hasta adoptar la posición desde la que el sistema queda preparado para reproducir imagen y sonido.

Describirlo resulta bastante menos efectivo que verlo.

Hay algo deliberadamente teatral en esa transformación. Bang & Olufsen habla de un movimiento coreografiado y no parece una exageración comercial. El mecanismo obliga a coordinar el desplazamiento vertical de una pantalla de gran formato con la rotación de dos paneles acústicos manteniendo durante todo el recorrido unas separaciones extremadamente precisas.

La documentación técnica del producto identifica al diseñador Torsten Valeur, de Valeur Designers, y recoge incluso el desarrollo de un mecanismo específico para conseguir ese movimiento.

Lo más interesante es que el resultado no pretende parecer complicado.

Al contrario.

La ingeniería trabaja precisamente para desaparecer.

Bang & Olufsen explica que uno de los grandes desafíos durante el desarrollo fue conseguir estabilidad, precisión y sincronización entre pantalla y altavoces ocultando al mismo tiempo los elementos responsables del movimiento. La solución terminó basándose en una geometría relativamente sencilla capaz de hacer que la elevación de la pantalla provoque también la rotación de los frentes acústicos.

Eso es probablemente lo más sofisticado del Harmony.

No que haga algo complejo.

Sino que consiga hacerlo parecer inevitable.

Cuando un televisor empieza a comportarse como un mueble

Bang & Olufsen Beovision Harmony

Hay otro detalle fundamental para entenderlo.

Bang & Olufsen no intenta camuflar la tecnología haciendo que el televisor parezca un cuadro. Tampoco pretende que desaparezca completamente de la habitación.

Hace algo diferente: lo domestica.

Madera, aluminio y tejido sustituyen buena parte del lenguaje habitual de plástico, cristal y superficies negras propio de la electrónica de consumo.

Los frentes pueden combinar diferentes acabados de madera, textiles y aluminio, hasta el punto de que la marca permite personalizar determinados elementos del Harmony mediante su programa Atelier.

Ese uso de los materiales cambia radicalmente la percepción del objeto.

La madera introduce temperatura. Las lamas verticales fragmentan visualmente la masa. El aluminio aporta precisión. La pantalla continúa ahí, pero deja de ser el único elemento capaz de definir la pieza.

En su documentación, Bang & Olufsen describe precisamente esos materiales como una manera de otorgar al sistema una apariencia más próxima al mobiliario doméstico.

Y quizá esa sea la diferencia fundamental entre diseñar un televisor y diseñar un objeto que tendrá que convivir con una habitación durante años.

La pantalla es OLED de LG. Y eso es mucho más interesante de lo que parece

Bang & Olufsen Beovision Harmony

Hay una circunstancia especialmente reveladora en el Beovision Harmony: Bang & Olufsen no fabrica el panel OLED.

La pantalla procede de LG.

Lejos de ser un detalle que reste interés al producto, ayuda a comprender dónde ha decidido situar B&O su trabajo.

En lugar de intentar reinventar una tecnología en la que LG posee una enorme experiencia, Bang & Olufsen incorpora sus paneles OLED y concentra su intervención en el diseño industrial, el movimiento, la integración, el sonido y la experiencia general del aparato. La propia marca explica abiertamente esa colaboración tecnológica.

Es una decisión bastante coherente.

Porque comprar un Beovision Harmony no consiste sencillamente en comprar determinada calidad de imagen.

Si ese fuera el objetivo, existen magníficos televisores OLED por una fracción de su precio.

Lo que se adquiere aquí es otra cosa.

El sonido no está escondido porque tampoco quiere ser secundario

La obsesión contemporánea por fabricar pantallas cada vez más delgadas ha tenido una consecuencia bastante previsible: cada vez queda menos sitio dentro de ellas para construir un sistema acústico verdaderamente ambicioso.

Bang & Olufsen ha tomado el camino contrario.

Los dos grandes frentes que protagonizan la apertura del Harmony son también parte del sistema de sonido. No están ahí únicamente para proporcionar espectáculo al mecanismo.

La documentación técnica de Beovision Harmony detalla un sistema estéreo activo de tres canales integrado, amplificación dedicada y procesamiento de sonido envolvente 7.1. También contempla su expansión mediante otros altavoces Bang & Olufsen para configurar instalaciones de cine doméstico más complejas.

Hay algo casi contracultural en la decisión.

En lugar de intentar ocultar los altavoces dentro de unos pocos milímetros de pantalla, B&O acepta que un buen sonido necesita espacio y convierte precisamente ese volumen necesario en una de las señas estéticas del producto.

El resultado es una arquitectura bastante lógica: el panel se ocupa de la imagen; el cuerpo inferior, del sonido, la mecánica y buena parte de la personalidad visual.

Beovision Harmony no quiere desaparecer del salón

Durante años, uno de los grandes objetivos del interiorismo aplicado a la tecnología ha consistido en ocultarla.

Televisores detrás de puertas.

Pantallas integradas en muebles.

Proyectores escondidos en falsos techos.

Paneles que intentan hacerse pasar por cuadros.

El Harmony propone justamente lo contrario.

No pide perdón por estar allí.

Simplemente intenta ser suficientemente bello para que no haya motivos para esconderlo.

Eso explica que probablemente funcione mejor en interiores que tengan cierta escala. No estamos ante un pequeño electrodoméstico que pueda colocarse indiferentemente en cualquier rincón. Es una pieza de grandes dimensiones, peso considerable y enorme presencia.

En determinados espacios será excesiva.

En otros puede convertirse casi en el elemento alrededor del cual organizar la estancia.

Y esa capacidad de modificar visualmente una habitación es precisamente lo que lo acerca más al territorio del mobiliario y la arquitectura interior que al de la electrónica convencional.

¿Cuánto cuesta un Bang & Olufsen Beovision Harmony?

Llegamos inevitablemente a la cifra.

En España, Bang & Olufsen ofrece actualmente el Beovision Harmony desde 21.050 euros, según configuración. La página española de la marca muestra en este momento versiones de 65 y 77 pulgadas, con diferentes posibilidades de acabados, soportes e instalación que modifican el precio final.

Parece mucho dinero para un televisor, pero probablemente sea precisamente un error evaluarlo únicamente como tal.

Porque a partir de determinado nivel, la comparación basada en euros por pulgada, resolución o brillo deja de explicar el producto.

El cliente de un Harmony no está pagando veinte mil euros porque espere que una película sea diez veces mejor que en un televisor de dos mil.

Está pagando por la suma de pantalla, sonido, ingeniería mecánica, materiales, fabricación, personalización y diseño industrial.

Exactamente igual que nadie intenta justificar el precio de una pieza de mobiliario excepcional calculando cuánto cuesta cada kilogramo de madera.

¿Es el Beovision Harmony uno de los mejores televisores del mundo?

Depende de lo que entendamos por «mejor». Si buscamos la mejor relación entre prestaciones de imagen y precio, desde luego no. Si elaboramos una tabla exclusivamente con resolución, conexiones, brillo máximo y precio por pulgada, difícilmente será la compra racional.

Pero quizás esa sea una pregunta demasiado pequeña para un producto como este.

Porque existen numerosos televisores excelentes.

Hay muchos menos televisores extraordinarios como objetos.

Y ahí el Beovision Harmony juega prácticamente en otra categoría.

Su mérito no reside en haber conseguido que una pantalla OLED muestre una imagen magnífica. Eso hoy pueden hacerlo varios fabricantes.

El verdadero logro consiste en haberse preguntado qué ocurre con esa pantalla durante las muchas horas en las que no estamos utilizándola y haber dedicado ingeniería, materiales y diseño a resolver algo que casi todos los demás fabricantes aceptan como inevitable.

El lujo de resolver problemas que casi nadie considera problemas

Quizá esta sea también una definición bastante precisa del lujo contemporáneo.

No añadir oro.

No colocar un logotipo.

No aumentar arbitrariamente el precio.

Sino disponer de suficientes recursos, tiempo e ingeniería como para intentar solucionar cuestiones que un producto corriente simplemente deja sin resolver.

¿Es realmente necesario que unos paneles acústicos se abran mientras una pantalla asciende lentamente antes de poder ver una película?

Por supuesto que no.

Tampoco necesitamos que el mecanismo quede oculto, que la madera tenga determinado acabado o que la separación entre ambas hojas permanezca visualmente perfecta durante todo el recorrido.

Y, sin embargo, precisamente ahí reside buena parte de su atractivo.

Porque el diseño excepcional empieza muchas veces cuando alguien decide que «suficientemente bien» todavía no es suficiente.

Un Bang & Olufsen que tiene sentido incluso apagado

Hay objetos tecnológicos que envejecen en cuanto aparece la siguiente generación.

El procesador deja de ser el más rápido. La resolución deja de impresionar. Aparece otro estándar. Se añaden nuevas funciones.

El desafío del diseño industrial consiste en conseguir que, cuando todo eso ocurra, siga quedando algo que merezca la pena conservar.

El Beovision Harmony tiene bastantes posibilidades de conseguirlo.

No porque su tecnología vaya a permanecer eternamente en la vanguardia, sino porque su mejor argumento nunca fue exclusivamente tecnológico.

Es esa extraña combinación de madera, aluminio, pantalla y movimiento.

La transformación.

La manera de ocupar el espacio.

El pequeño ritual de abrirse cada vez que empieza una película.

Y, sobre todo, aquella pregunta inicial que Bang & Olufsen decidió tomarse en serio:

¿Qué hacemos con el enorme rectángulo negro cuando apagamos la televisión?

La respuesta cuesta más de 20.000 euros.

Pero hay que reconocerle algo.

Probablemente nunca habíamos querido mirar durante tanto tiempo un televisor apagado.


Selección Arquitectura Singular · Boutique

El Bang & Olufsen Beovision Harmony forma parte de nuestra selección de objetos en los que el diseño, los materiales y la manera de estar hechos resultan tan importantes como su función. No se trata de contenido patrocinado.

Copyright de las Imágenes: cortesía de Bang & Olufsen (press cloud)