La ampliación de una escuela infantil en Lebrija, proyectada por Austro Estudio, transforma una necesidad funcional —incorporar dos nuevas aulas y un baño— en una reflexión sobre la forma de aprender, la relación con el exterior y el papel de la luz en los espacios destinados a la infancia.
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Ampliar un edificio existente implica mucho más que añadir metros cuadrados. Supone decidir de qué manera lo nuevo se relaciona con aquello que ya estaba allí, qué debe permanecer reconocible y dónde puede comenzar una arquitectura diferente.

En In-cubaciones, la ampliación de una escuela infantil situada en Lebrija, Sevilla, esta cuestión se resuelve partiendo precisamente de la lógica formal del edificio original. El proyecto, obra de Austro Estudio, incorpora dos nuevas aulas y los espacios de servicio necesarios mediante una composición de volúmenes independientes que prolonga, sin reproducirla literalmente, la estructura arquitectónica preexistente.

La intervención, de 165,25 m² construidos, fue proyectada en 2023 y terminada en 2025. Su escala es contenida, pero detrás de esa aparente sencillez existe una serie de decisiones que afectan a la luz, las circulaciones, la orientación de los espacios, la conexión entre las aulas y la relación de los niños con el exterior.

Una ampliación que parte de lo que ya existe
Las dos nuevas aulas adoptan la forma de volúmenes cúbicos independientes, siguiendo una estrategia que ya estaba presente en el edificio original.
No se trata, por tanto, de colocar un nuevo cuerpo junto a la escuela, sino de continuar una manera de organizar el espacio.
Los cubos se orientan hacia el sur buscando aprovechar la incidencia solar, mientras que entre ellos y la construcción existente aparecen espacios intermedios que pasan a formar una parte fundamental de la intervención.
Sobre esos volúmenes, un plano de hormigón visto actúa como elemento unificador. La propia memoria del proyecto lo compara con una sábana que cubre el conjunto: una superficie continua capaz de vincular los nuevos cuerpos blancos con la preexistencia y de ordenar bajo ella accesos, recorridos y espacios servidores.

El hormigón introduce así una lectura común sobre una arquitectura que, en planta, se construye mediante piezas independientes.
La ampliación consigue mantener simultáneamente ambas condiciones: la autonomía de los nuevos volúmenes y la percepción de que todos ellos pertenecen a un mismo sistema.
Un juego de cubos para construir los espacios intermedios
Hay algo deliberadamente elemental en la geometría del proyecto.
La disposición de los volúmenes recuerda a un juego de construcción: piezas aparentemente sencillas que, cuando se separan y se relacionan entre sí, comienzan a generar situaciones espaciales más complejas.

La arquitectura aparece mediante una especie de diseminación de cubos sobre la planta.
Pero tan importantes como esos sólidos son los vacíos que quedan entre ellos.
Los espacios intersticiales se convierten en lugares de encuentro, transición y relación. El nuevo acceso es uno de los ejemplos más claros. En lugar de establecer una frontera inmediata entre fuera y dentro, la ampliación introduce un espacio previo que acompaña el paso desde el exterior hacia el interior de la escuela.
Ese territorio intermedio adquiere especial sentido en un edificio destinado a niños pequeños. Entrar deja de ser únicamente atravesar una puerta para convertirse en una secuencia espacial.
Es una arquitectura hecha tanto de habitaciones como de relaciones entre habitaciones.

Construir mediante la sustracción
Los cubos tampoco se entienden como cajas completamente cerradas.
La estrategia del proyecto consiste en imaginar cada uno de ellos como un sólido al que se le sustrae parte de su materia. Aparecen así vacíos que permiten encontrar dentro de la geometría básica el verdadero espacio habitable.
La operación resulta especialmente interesante porque desplaza la atención desde el objeto arquitectónico hacia aquello que ocurre en su interior.
El cubo es solamente el punto de partida.
Lo importante es el espacio que puede extraerse de él.

En este caso, esos vacíos se convierten en las nuevas zonas docentes de la escuela y permiten modular la entrada de luz y la relación con el exterior.
La arquitectura se construye, por tanto, mediante una sucesión de llenos y vacíos, cuerpos y retranqueos, zonas protegidas y aperturas.
La luz natural como material de proyecto

La búsqueda de luz natural atraviesa toda la intervención.
No aparece únicamente como una consecuencia de colocar ventanas, sino como una de las herramientas utilizadas para configurar los nuevos espacios.
La orientación norte-sur permite trabajar con dos condiciones lumínicas diferentes.
Hacia el norte, las aulas se abren de manera controlada para recibir una iluminación más difusa e indirecta. Hacia el sur, la arquitectura busca un mayor soleamiento y una relación más intensa con el exterior, aunque introduce mecanismos espaciales para proteger a los usuarios de una incidencia solar excesiva.
La forma de los propios volúmenes genera esa protección.
De esta manera, orientación, geometría y luz dejan de ser decisiones independientes. Las tres forman parte de una misma estrategia encaminada a crear unas condiciones interiores adecuadas para el aprendizaje y el bienestar de los niños.
La luz acaba funcionando casi como otro material constructivo: cambia a lo largo del día, profundiza en determinados espacios y ayuda a definir la percepción de cada aula.
Dos aulas conectadas a través de una pieza de servicio
La organización interior responde también a la necesidad de proporcionar cierta flexibilidad al programa.

Entre las dos nuevas aulas se sitúan el baño y el cambiador, concentrados en una pieza de servicio que permite atender simultáneamente las necesidades funcionales de ambas.
Su posición facilita además la conexión entre las aulas.
La decisión evita entender cada clase como una unidad completamente aislada y abre la posibilidad de establecer relaciones entre ellas.
La distribución acompaña así una concepción más flexible del aprendizaje: espacios diferenciados que pueden mantener su autonomía, pero que también son capaces de comunicarse.
La arquitectura comienza a intervenir de esta manera en la propia experiencia educativa.
Aprender también fuera del aula
Uno de los argumentos centrales de In-cubaciones es precisamente la voluntad de acercar los espacios de enseñanza al exterior.
La intervención se plantea desde valores relacionados con la sostenibilidad y la salud, buscando una interacción estratégica con el entorno inmediato que contribuya al bienestar de quienes utilizan diariamente la escuela.
La orientación, la entrada de luz y los espacios de transición forman parte de esa intención.
También lo hace la incorporación de materiales locales, una decisión con la que el proyecto busca reducir el impacto asociado al proceso de construcción.
Sin grandes gestos tecnológicos, la sostenibilidad aparece integrada en decisiones arquitectónicas elementales: orientar correctamente, aprovechar la iluminación natural, proteger del exceso de radiación solar, favorecer la relación con el exterior y reducir el impacto de los materiales utilizados.
Una arquitectura pensada para nuevas formas de aprender
El proyecto no intenta transformar radicalmente el modelo de la escuela existente.
Su estrategia resulta más sutil.
Parte de ese modelo, identifica algunas de sus posibilidades y las utiliza para generar nuevas relaciones entre las aulas, el edificio y el exterior.
La ampliación deja así de ser una simple operación de crecimiento.
Los metros cuadrados añadidos permiten ensayar una manera diferente de relacionar los espacios docentes entre sí y de vincularlos con la naturaleza.
La propia organización favorece un aprendizaje de carácter más colaborativo, en el que las aulas no funcionan necesariamente como recintos completamente independientes y donde determinados espacios intermedios pueden participar también de la vida cotidiana del centro.
Quizá ahí se encuentre una de las ideas más interesantes de In-cubaciones.
La arquitectura destinada a la infancia no necesita recurrir necesariamente a formas espectaculares para resultar estimulante. A veces basta con trabajar cuidadosamente elementos fundamentales: la escala, la luz, la orientación, el vacío, las transiciones y la posibilidad de encontrarse.
En Lebrija, unos cuantos cubos blancos y un plano de hormigón construyen precisamente eso: una pequeña arquitectura capaz de hacer del crecimiento de una escuela una oportunidad para imaginar también nuevas maneras de habitarla.

Ficha técnica
Proyecto: In-cubaciones. Ampliación de una escuela infantil en Lebrija
Estudio: Austro Estudio
Autor: Domingo Galán Caro
Uso: Docente
Ubicación: Lebrija, Sevilla, España
Superficie construida: 165,25 m² de ampliación
Año de proyecto: 2023
Año de construcción: 2025
Fotografía: Juanca Lagares
Colaboradores: Ignacio García, Francisco Luque, María Casanova, Lorenzo Delgado y Francisco José Cordero
Copyright: Imágenes cedidas por austroestudio.com